Ejercicio de Habilidad Verbal — UNMSM
TEXTO A
Ahora el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades, es el feminismo. No todas las feministas, desde luego, pero sí las más radicales, y, tras ellas, amplios sectores que, paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas, apoyan abiertamente esta ofensiva antiliteraria y anticultural. Por eso, casi nadie se ha atrevido a protestar aquí en España contra el «decálogo feminista» que pide eliminar de las clases escolares a autores tan rabiosamente machistas como Pablo Neruda, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Las razones que esgrimen son tan buenistas y evangélicas como los manifiestos que las señoras del novecientos firmaban contra Vargas Vila pidiendo que prohibieran sus «libros pornográficos» o como el análisis que hizo en las páginas de este periódico, no hace mucho, la escritora Laura Freixas, de la Lolita, de Nabokov, explicando que el protagonista era un pedófilo incestuoso violador de una niña que, para colmo, era hija de su esposa. Naturalmente que, con ese tipo de aproximación a una obra literaria, no hay novela de la literatura occidental que se libre de ser incinerado.
Adaptado de Vargas Llosa, M. (2018, 18 de marzo). Nuevas inquisiciones. El País.
TEXTO B
La literatura es un espacio privilegiado y la crítica literaria invita a estudiarla; por ello, se lanza hacia nuevas formulaciones interpretativas, siempre en busca de un aumento de sentido. La teoría feminista en particular ha hecho un esfuerzo notable por develar los discursos hegemónicos que discriminaban la literatura escrita por mujeres; pero, además, ha establecido como categoría fundamental el concepto de género como punto de partida, lo que ha permitido el enriquecimiento de los estudios literarios, ya que es indispensable nombrar la propia identidad para cobrar conciencia de la propia diferencia.
Como señalan las teorías feministas, la identidad es imprescindible en cualquier proceso de autoconciencia; sugieren que esta identidad es múltiple por parte de las mujeres, y aun contradictoria, y está determinada más cultural que biológicamente. Judith Kegan Gardiner subraya que la pregunta medular de la crítica literaria feminista es la siguiente: ¿Quién está ahí cuando una mujer dice «Yo soy»? Por su parte, Rita Felski afirma que la identidad femenina está formada por un conjunto históricamente determinado de interrelaciones entre condiciones socioeconómicas y procesos ideológicos y culturales.
Adaptado de Velasco Marín, M. (2007). La crítica feminista, el dedo en la llaga o el cuestionamiento al canon. En Mujeres que escriben en América Latina, Sara Beatriz Guardia (ed.).
En relación con la visión ideológica de ambos autores (Texto A y Texto B), la polémica gira en torno a la
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Cuando dos textos discuten un mismo tema desde posturas opuestas, la clave para hallar el eje de la polémica es preguntarse: ¿a qué pregunta le están respondiendo ambos autores, cada uno a su manera?
- En el Texto A, el autor ataca con dureza a la crítica feminista más radical, acusándola de condenar injustamente a autores y obras clásicas, calificándola incluso de "ofensiva antiliteraria".
- En el Texto B, la autora defiende que la mirada feminista, lejos de dañar la literatura, la ha enriquecido al incorporar la categoría de género como herramienta de análisis.
- Si te fijas bien, ambos autores están respondiendo a la misma pregunta de fondo: ¿es válido usar la perspectiva feminista para interpretar obras literarias? Uno responde que no, y la considera dañina; el otro responde que sí, y la considera legítima y enriquecedora.
- Ese es el eje de la disputa: la pertinencia (o no) de aplicar esa mirada crítica a la literatura — no una lista de obras concretas, ni la posibilidad de proponer una "teoría feminista adecuada" (eso ni siquiera lo plantea ninguno de los dos textos).
- Por eso la respuesta correcta es la D.