Ejercicio de Habilidad Verbal — PUCP
Texto 2
Los seres humanos trasmiten el bostezo, además de algunos mamíferos como los chimpancés, perros y monos. Sin embargo, a nivel evolutivo, el contagio de bostezos es un fenómeno relativamente nuevo en humanos, chimpancés y babuinos. Aunque los bostezos espontáneos existen desde hace más de 200 millones de años.
Según Andrew Gallup, biólogo de la Universidad de Princeton, la empatía puede estar relacionada con el contagio de bostezos entre humanos. Sin embargo, el investigador señaló la existencia de un pequeño vacío en los resultados de su investigación, ya que propone que tal vez, simplemente nos fijamos más en nuestros seres queridos, por eso nos percatamos más de los bostezos en amigos y familiares que en desconocidos. Para investigarlo, planteó elaborar un experimento que consistiría en enseñar a las personas videos de otros individuos que tengan diferente relación con ellos, y obligarlos a que presten la misma atención a cada individuo del video por igual. Sin embargo, admite que, la empatía como respuesta sigue siendo una razón poco clara para el contagio del bostezo. Aunque los bostezos están íntimamente asociados al sueño y el aburrimiento, según un estudio realizado por Andrew Gallup y Omar Eldakar, investigadores de la Universidad de Princeton, esta reacción corporal podría estar más relacionada con la regulación de la temperatura en el cerebro. El estudio dirigido por Gallup, biólogo investigador asociado postdoctoral en el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Princeton, demostró que bostezar podría servir como un método para regular la temperatura cerebral, ya que la frecuencia de esta reacción física varía según la estación del año y que es menos probable que las personas bostecen cuando el calor exterior supera la temperatura corporal.
Se cree que el efecto refrescante del bostezo se debe al aumento del flujo sanguíneo al cerebro causado por el estiramiento de la mandíbula, así como al intercambio de calor a contracorriente con el aire ambiental que acompaña a la inhalación profunda. Para llegar a este conocimiento, Gallup y Eldakar documentaron la frecuencia de bostezos de 160 personas en invierno y verano en Tucson, Arizona, con 80 en cada estación las cuales observaron imágenes de gente bostezando debido a que es una acción contagiosa. Los investigadores descubrieron que los participantes tenían más probabilidades de bostezar en invierno que en verano, cuando la temperatura ambiente era igual o superior a la temperatura corporal. Tras esto, los investigadores concluyeron que las temperaturas más cálidas no brindan alivio para los cerebros sobrecalentados que, según la teoría termorreguladora del bostezo, se mantienen frescos mediante un intercambio de calor con el aire aspirado durante un bostezo. Este es un avance importante en la comprensión del bostezo, ya que, a pesar de las numerosas teorías postuladas en las últimas décadas, se ha realizado muy poca investigación experimental para descubrir su función biológica, y todavía no hay consenso.
PREGUNTA
Según la información del texto, ¿qué preguntas se podrían responder?
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(Pista: piensa en qué aspectos del bostezo desarrolla realmente el texto: su mecanismo de regulación térmica y las condiciones (estación del año) en que ocurre con mayor frecuencia.)
1. (El texto detalla el mecanismo por el cual el bostezo regularía la temperatura cerebral, es decir, el "cómo".) 2. (También indica que ocurre con mayor frecuencia en invierno que en verano, lo que responde al "cuándo".) 3. (Las demás combinaciones incluyen aspectos —como el origen exacto o el "para qué" en sentido evolutivo— que el texto no desarrolla con la misma precisión.)
Por lo tanto, la respuesta correcta es la alternativa C.