Ejercicio de Habilidad Verbal — UNMSM
TEXTO A
Dios está muerto o, más bien, ha sido asesinado. Una vez que la Razón (escrita en mayúscula por su endiosamiento) ha perdido la cordura, puede atreverse a anunciar que Dios ha dejado de ser el horizonte de los hombres. Así, el camino que, en buena parte, se emprendió en la Edad de las Luces —construir un nuevo mundo sin la necesidad de Dios— Nietzsche lo llevó a término, al menos en sus inconfundibles textos. Si los filósofos de la Ilustración vieron en el Dios cristiano más un motivo de conflicto que de unión de la humanidad, Nietzsche extrajo las últimas consecuencias antropológicas de un universo sin Dios y, de paso, sin moral. El profeta del Zaratustra no solo consideró que Dios estaba dejando de ser el fundamento de la vida, o que dejaría de serlo en un futuro que quizás ahora empezamos a experimentar, sino que también pensó que ni siquiera la soñada racionalidad ilustrada podía llenar el vacío cósmico sobrevenido tras las exequias del viejo Dios.
La importancia de Nietzsche no estriba en su lema, el cual ya había sido pronunciado por labios de creyentes como Lutero, Jean Paul o Hegel, sino, más bien, en ser tanto el filósofo de la muerte de Dios como el primer sacerdote de la era sin divinidad; es decir, quien se atrevió a retratar el nihilismo con toda su crudeza. Nietzsche no es tan bobo como para pensar que, de existir Dios, el hombre pueda acabar con él, pero sí sabe que si la fe desaparece de la vida es porque el ser humano ha tenido la osadía de enfrentarse a Dios y, por lo tanto, ocupar su lugar.
TEXTO B
Para responder sucintamente al desafío nietzscheano de la muerte de Dios, nos remitimos a Ireneo de Lyon. Este dedicó sus dones intelectuales y vitales a exponer la fe cristiana en un contexto gnóstico que despreciaba la carne, la tierra y la materia, cuyo envés teológico suponía el rechazo de la humanidad de Cristo, es decir, de la verdadera encarnación del Verbo divino. En su magnífico Contra las herejías, encontramos una sentencia que sintetiza su doctrina: «La gloria de Dios es que el ser humano viva, y la vida del ser humano es la contemplación de Dios». De esta suerte, Ireneo no solo excluye toda afirmación antivitalista de la religión, como la de Nietzsche, sino que nos plantea un matrimonio perfecto entre lo divino y humano, además de desentrañar la clave para crecer infinitamente en vida, un proceso que la patrística griega llamó «divinización».
Este camino de Ireneo, con un horizonte tan ambicioso como el de Nietzsche, es lo contrario al endiosamiento que pretende lograr la felicidad con sus propias fuerzas, pues la vocación del ser humano, a ojos cristianos, es la plenitud infinita de la carne, cosa que el Nuevo Testamento y el teólogo han mostrado que solo puede experimentarse por la Gracia. La divinización de la carne consiste en pasar de la lógica de la conquista, el dominio y la posesión hacia la lógica de la acogida del don y la comunión gratuita. Igual que no es posible conquistar la plenitud, sino acogerla como don, tampoco es posible la salvación de la carne en una suerte de relación pietista a solas con Dios, idea que se podría inferir del plan nietzscheano.
Adaptado de: Marín, M. (2023). Nietzsche, hoy: el cristianismo tras la «muerte» de Dios. Cultura.
A partir del texto A de la pregunta 14, se infiere que la tesis de Nietzsche implica una nueva:
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Idea clave: hay que identificar la consecuencia lógica de la "muerte de Dios" en el pensamiento nietzscheano descrito en el texto.
- El texto señala que, con la muerte de Dios, este deja de ser el fundamento de la vida y de la moral.
- También se indica que el ser humano pasa a ocupar el lugar que antes correspondía a Dios, y que surge el nihilismo, es decir, la pérdida de los valores tradicionales de origen cristiano.
- Si los valores morales tradicionales pierden su fundamento, se hace necesario que el ser humano cree nuevos valores; es decir, se requiere una nueva valoración de la existencia.
Respuesta: valoración.