En la transmutación de los valores, Nietzsche veía su misión, su destino. «Mi verdad –dice (Ecce homo, § 4)– asusta, porque hasta ahora se ha llamado verdad a la mentira. Inversión de todos los valores: he aquí mi fórmula por un acto de supremo reconocimiento de sí mismo, de toda la humanidad, acto que en mí se ha hecho carne y genio. Mi destino exige que yo sea el primer nombre honrado, que yo me sienta en oposición con las mentiras de varios milenios».
La inversión de los valores se presenta en la obra de Nietzsche como una crítica de la moral cristiana, reducida por él, sustancialmente, a la moral de la renuncia y del ascetismo. La moral cristiana es la rebelión de los inferiores, de las clases sometidas y esclavas, contra la casta superior y aristocrática. Su verdadero fundamento es el resentimiento: el resentimiento de aquellos a los que les está prohibida la verdadera reacción, de la acción, y que encuentran su compensación en una venganza imaginaria.
Abbagnano, N. (1994). Historia de la filosofía. Volumen 3. Editorial Hora S. A.
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