Texto 2
El lenguaje de los informes sirve para realizar el trabajo necesario en la vida, pero no nos dice cómo es la sensación de vivir. Podemos comunicar datos científicos a los demás, sin preocuparnos por sus sentimientos, pero, para que se establezcan el amor, la amistad y la comunidad entre los hombres, a fin de que deseemos cooperar y convertirnos en sociedad, tiene que haber entre ellos simpatía recíproca. Esta surge gracias a los usos afectivos del lenguaje.
Uno de los recursos afectivos del lenguaje radica en la repetición. Es el caso de un fragmento de un discurso de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Estas frases resultan extrañas desde el ángulo de un informe científico; pero, sin su tono, la gente no las asimilaría. Lincoln pudo haberse limitado a decir informativamente “gobierno de, por y para el pueblo”, o más sencillamente, “gobierno del pueblo o popular”. Pero no se proponía escribir una monografía científica. Nos repite tres veces la palabra “pueblo” y con esa repetición, al parecer innecesaria, añade más y más profundas connotaciones afectivas a la palabra.
El hablar directamente a un individuo o a un lector tiene también un efecto afectivo considerable. Por ejemplo: “¡Salga del césped! ¡A usted se lo digo!”. Otro ejemplo lamentable es la falsa intimidad con que el anunciador de los comerciales por televisión habla “personalmente” a millones de oyentes. Esta comunicación directa no es solo característica del anunciador por televisión ni de un cartel pegado en la pared: humaniza un poco la impersonalidad de los discursos solemnes, haciendo uso del lenguaje directo. Por ejemplo, un profesor dice: “Ya recordarán ustedes lo que dice Hegel en su obra”, aunque sabe que muchos de sus alumnos jamás han oído hablar de Hegel.
Tan común como el trato de “tú”, “ustedes” o “vosotros” es el lenguaje en primera persona plural, “nosotros”. En este caso, el autor se identifica con el lector o el oyente: “Pongamos, por ejemplo...” “Ahora vamos a estudiar...”. Así hablan casi siempre los predicadores y maestros en sus discursos. También emplean este estilo las maestras de educación inicial y los profesores de enseñanza elemental para suavizar sus reprimendas: “Bueno, Pepito; bueno, Paquito; no vamos a pelearnos ahora. ¿Verdad que lo que tenemos que hacer es volver a ser amigos?”.
Debemos indicar que los usos afectivos del lenguaje tienen un efecto en el lector u oyente independientemente de lo que se dice. Ocurre que, al oír o leer sermones elocuentes, discursos, alocuciones políticas o cualquier buena obra literaria, suprimimos toda crítica y nos dejamos arrastrar por los sentimientos melancólicos, alegres o iracundos que expresa el autor. Como las serpientes bajo el hechizo de la flauta encantada, nos dejamos mecer por las frases musicales del hipnotizador verbal. Si este es hombre de confianza, no hay motivo para no gozar de estas delicias de cuando en cuando; sin embargo, escuchar o leer habitualmente este tipo de mensajes es un hábito que debilita.
Pregunta
Señale qué uso afectivo del lenguaje está presente en la siguiente frase: "Somos más, podemos más: Canal 54, siempre a tu lado".
I. repetición
II. hablar directamente
III. primera persona plural