Texto 3
El legado del imperialismo británico sigue siendo un terreno de disputa encendida: mientras algunos sostienen que Londres llevó orden y modernidad a sus colonias, otros —como Shashi Tharoor en Inglorious Empire (2017)— argumentan que la dominación fue esencialmente extractiva y devastadora. El caso de la India, colonizada formalmente desde 1858 hasta 1947, constituye uno de los ejemplos más controversiales. Aunque el Reino Unido también expandió su poder en Egipto, Oceanía y varias zonas de Asia, ningún territorio mostró con tanta claridad la contradicción entre retórica civilizadora y explotación sistemática. A diferencia de Canadá, donde el proyecto imperial británico avanzó en un territorio que los colonizadores concibieron como “semivacío” y apto para un asentamiento desde cero, en la India se impuso sobre una sociedad densamente poblada —superior a los 200 millones de habitantes a mediados del siglo XIX—, lo que implicó un dominio político y económico mucho más coercitivo.
Entre los beneficios frecuentemente mencionados destacan la expansión de la infraestructura moderna: hacia 1910, la India contaba con más de 40 000 kilómetros de vías férreas, una de las redes ferroviarias más extensas del mundo. También se introdujo un sistema administrativo unificado y un sistema legal codificado, inspirado en el Common Law. Autores como Tirthankar Roy señalan que la apertura de puertos y nuevas rutas comerciales facilitó la integración de la India en la economía global. Asimismo, la hegemonía británica redujo ciertos conflictos internos entre principados rivales y promovió instituciones educativas que formaron a élites posteriores, como la Universidad de Calcuta fundada en 1857.
Sin embargo, los perjuicios superaron ampliamente esos beneficios. El dominio británico alteró radicalmente el equilibrio económico: según estimaciones de Angus Maddison, la participación de la India en la economía mundial cayó del 23 % en 1700 a menos del 4 % a inicios del siglo XX. Las políticas fiscales y agrícolas, centradas en la extracción de recursos, agravaron la vulnerabilidad alimentaria; el historiador Mike Davis documenta que las hambrunas de 1876-1878 y 1899-1900 causaron millones de muertes, en parte por la insistencia británica en priorizar las exportaciones de grano. La represión política fue igualmente severa: episodios como la masacre de Jallianwala Bagh en 1919 evidenciaron el carácter represivo del Raj. Además, la imposición cultural y lingüística erosionó estructuras sociales complejas, generó desigualdades duraderas y estimuló tensiones intercomunitarias que todavía influyen en la región. En conjunto, aunque el imperialismo británico dejó ciertos avances materiales, su impacto en la India fue mayoritariamente destructivo, profundizando la pobreza y sembrando fracturas que perduran en la actualidad.
Pregunta
¿Por qué se menciona específicamente a Shashi Tharoor en el texto?