- ¡Pronto! -exclamó Enrique, precipitándose sobre su hermano -. ¡Pronto, Efraín! ¡El viejo se ha
caído al chiquero! ¡Debemos irnos de acá!
.- ¿Adónde? -preguntó Efraín.
.- ¡Adónde sea, al muladar, donde podamos comer algo, donde los gallinazos!
.- ¡No me puedo parar!
Enrique cogió a su hermano con ambas manos y lo estrechó contra su pecho. Abrazados hasta
formar una sola persona cruzaron lentamente el corralón. Cuando abrieron el portón de la calle se
dieron cuenta de que la hora celeste había terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante
ellos su gigantesca mandíbula.
Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla.
Con respecto a la cita de "Los gallinazos sin plumas", de Julio Ramón Ribeyro, puede suponerse que luego de la escena final