Pero mi padre decidía irse de un pueblo a otro, cuando las montañas, los caminos, los campos de juego, el lugar donde duermen los pájaros, cuando los detalles del pueblo empezaban a formar parte de la memoria.
A mi padre le gustaba oír huaynos; no sabía cantar, bailaba mal, pero recordaba a qué pueblo, a qué comunidad, a qué valle pertenecía tal o cual canto. A los pocos días de haber llegado a un pueblo, averiguaba quién era el mejor arpista, el mejor tocador de charango, de violín y de guitarra.
En el fragmento citado de la novela "Los ríos profundos", de José María Arguedas, se observa