–Hermano, este zumbayllu no es para todos los días. Es un "maldito" –dijo–. ¡Hay que cuidarlo! Ernesto lo va a hacer bailar para él solo. Si lo ven los internos, se lo quitan, o lo chancan con los pies, o a pedradas. ¡Winko y lay'ka!
–¡Quiero ver si tú puedes manejarlo! –me dijo, entregándome el trompo.
–¡Claro, yo conozco a los layk'as! He visto al San Jorge cargar las tarántulas.
Encordelé el trompo, respetándolo, rezándole. Felizmente el patio seguía solitario.
Lancé el zumbayllu hacia arriba. ¡Creí que se iba de lado y que chocaría con el muro! El cordel se deslizó como una culebra en mis manos. Pero la esfera se detuvo en el aire, enderezó la púa y cayó, lentamente. Cayó entre piedras ásperas, y empezó a escarbar.
A partir del fragmento de la novela Los ríos profundos, de José María Arguedas, identifique la alternativa que sintetice el pasaje.