Lea atentamente la siguiente cita de Las cuitas del joven Werther, de Johann Wolfgang Goethe:
Carlota es sagrada para mí. Todos los deseos se desvanecen en su presencia. Nunca sé lo que
experimento cuando estoy a su lado: creo que mi alma se dilata por todos mis nervios.
Hay una sonata que ella ejecuta en el clavicémbalo con la expresión de un ángel: ¡tiene tal sencillez
y tal encanto! Es su música favorita y le basta tocar su primera nota para alejar mi zozobra, cuidados
y aflicciones.
No me parece inverosímil nada de lo que se cuenta sobre la antigua magia de la música. ¡Cómo me
esclaviza este canto sencillo! ¡Y cómo sabe ella ejecutarlo en aquellos instantes en que yo sepultaría
contento una bala en mi cabeza! Entonces, disipándose la turbación y las tinieblas de mi alma,
respiro con más libertad.
¿Cuál de estas ideas resulta incompatible con el fragmento?