Intención del autor

4 ejercicios

Medio
Habilidad Verbal
UNMSM 2026

TEXTO A

Ahora el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades, es el feminismo. No todas las feministas, desde luego, pero sí las más radicales, y, tras ellas, amplios sectores que, paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas, apoyan abiertamente esta ofensiva antiliteraria y anticultural. Por eso, casi nadie se ha atrevido a protestar aquí en España contra el «decálogo feminista» que pide eliminar de las clases escolares a autores tan rabiosamente machistas como Pablo Neruda, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Las razones que esgrimen son tan buenistas y evangélicas como los manifiestos que las señoras del novecientos firmaban contra Vargas Vila pidiendo que prohibieran sus «libros pornográficos» o como el análisis que hizo en las páginas de este periódico, no hace mucho, la escritora Laura Freixas, de la Lolita, de Nabokov, explicando que el protagonista era un pedófilo incestuoso violador de una niña que, para colmo, era hija de su esposa. Naturalmente que, con ese tipo de aproximación a una obra literaria, no hay novela de la literatura occidental que se libre de ser incinerado.

Adaptado de Vargas Llosa, M. (2018, 18 de marzo). Nuevas inquisiciones. El País.

TEXTO B

La literatura es un espacio privilegiado y la crítica literaria invita a estudiarla; por ello, se lanza hacia nuevas formulaciones interpretativas, siempre en busca de un aumento de sentido. La teoría feminista en particular ha hecho un esfuerzo notable por develar los discursos hegemónicos que discriminaban la literatura escrita por mujeres; pero, además, ha establecido como categoría fundamental el concepto de género como punto de partida, lo que ha permitido el enriquecimiento de los estudios literarios, ya que es indispensable nombrar la propia identidad para cobrar conciencia de la propia diferencia.

Como señalan las teorías feministas, la identidad es imprescindible en cualquier proceso de autoconciencia; sugieren que esta identidad es múltiple por parte de las mujeres, y aun contradictoria, y está determinada más cultural que biológicamente. Judith Kegan Gardiner subraya que la pregunta medular de la crítica literaria feminista es la siguiente: ¿Quién está ahí cuando una mujer dice «Yo soy»? Por su parte, Rita Felski afirma que la identidad femenina está formada por un conjunto históricamente determinado de interrelaciones entre condiciones socioeconómicas y procesos ideológicos y culturales.

Adaptado de Velasco Marín, M. (2007). La crítica feminista, el dedo en la llaga o el cuestionamiento al canon. En Mujeres que escriben en América Latina, Sara Beatriz Guardia (ed.).

De acuerdo con la postura de Vargas Llosa, resulta incongruente sostener que el feminismo más radical

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Texto 2

El lenguaje de los informes sirve para realizar el trabajo necesario en la vida, pero no nos dice cómo es la sensación de vivir. Podemos comunicar datos científicos a los demás, sin preocuparnos por sus sentimientos, pero, para que se establezcan el amor, la amistad y la comunidad entre los hombres, a fin de que deseemos cooperar y convertirnos en sociedad, tiene que haber entre ellos simpatía recíproca. Esta surge gracias a los usos afectivos del lenguaje.

Uno de los recursos afectivos del lenguaje radica en la repetición. Es el caso de un fragmento de un discurso de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Estas frases resultan extrañas desde el ángulo de un informe científico; pero, sin su tono, la gente no las asimilaría. Lincoln pudo haberse limitado a decir informativamente “gobierno de, por y para el pueblo”, o más sencillamente, “gobierno del pueblo o popular”. Pero no se proponía escribir una monografía científica. Nos repite tres veces la palabra “pueblo” y con esa repetición, al parecer innecesaria, añade más y más profundas connotaciones afectivas a la palabra.

El hablar directamente a un individuo o a un lector tiene también un efecto afectivo considerable. Por ejemplo: “¡Salga del césped! ¡A usted se lo digo!”. Otro ejemplo lamentable es la falsa intimidad con que el anunciador de los comerciales por televisión habla “personalmente” a millones de oyentes. Esta comunicación directa no es solo característica del anunciador por televisión ni de un cartel pegado en la pared: humaniza un poco la impersonalidad de los discursos solemnes, haciendo uso del lenguaje directo. Por ejemplo, un profesor dice: “Ya recordarán ustedes lo que dice Hegel en su obra”, aunque sabe que muchos de sus alumnos jamás han oído hablar de Hegel.

Tan común como el trato de “tú”, “ustedes” o “vosotros” es el lenguaje en primera persona plural, “nosotros”. En este caso, el autor se identifica con el lector o el oyente: “Pongamos, por ejemplo...” “Ahora vamos a estudiar...”. Así hablan casi siempre los predicadores y maestros en sus discursos. También emplean este estilo las maestras de educación inicial y los profesores de enseñanza elemental para suavizar sus reprimendas: “Bueno, Pepito; bueno, Paquito; no vamos a pelearnos ahora. ¿Verdad que lo que tenemos que hacer es volver a ser amigos?”.

Debemos indicar que los usos afectivos del lenguaje tienen un efecto en el lector u oyente independientemente de lo que se dice. Ocurre que, al oír o leer sermones elocuentes, discursos, alocuciones políticas o cualquier buena obra literaria, suprimimos toda crítica y nos dejamos arrastrar por los sentimientos melancólicos, alegres o iracundos que expresa el autor. Como las serpientes bajo el hechizo de la flauta encantada, nos dejamos mecer por las frases musicales del hipnotizador verbal. Si este es hombre de confianza, no hay motivo para no gozar de estas delicias de cuando en cuando; sin embargo, escuchar o leer habitualmente este tipo de mensajes es un hábito que debilita.

Pregunta

A qué se refiere el autor del texto cuando, en el último párrafo, señala que “Como las serpientes bajo el hechizo de la flauta encantada, nos dejamos mecer por las frases musicales del hipnotizador verbal”.

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Texto 2

El lenguaje de los informes sirve para realizar el trabajo necesario en la vida, pero no nos dice cómo es la sensación de vivir. Podemos comunicar datos científicos a los demás, sin preocuparnos por sus sentimientos, pero, para que se establezcan el amor, la amistad y la comunidad entre los hombres, a fin de que deseemos cooperar y convertirnos en sociedad, tiene que haber entre ellos simpatía recíproca. Esta surge gracias a los usos afectivos del lenguaje.

Uno de los recursos afectivos del lenguaje radica en la repetición. Es el caso de un fragmento de un discurso de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Estas frases resultan extrañas desde el ángulo de un informe científico; pero, sin su tono, la gente no las asimilaría. Lincoln pudo haberse limitado a decir informativamente “gobierno de, por y para el pueblo”, o más sencillamente, “gobierno del pueblo o popular”. Pero no se proponía escribir una monografía científica. Nos repite tres veces la palabra “pueblo” y con esa repetición, al parecer innecesaria, añade más y más profundas connotaciones afectivas a la palabra.

El hablar directamente a un individuo o a un lector tiene también un efecto afectivo considerable. Por ejemplo: “¡Salga del césped! ¡A usted se lo digo!”. Otro ejemplo lamentable es la falsa intimidad con que el anunciador de los comerciales por televisión habla “personalmente” a millones de oyentes. Esta comunicación directa no es solo característica del anunciador por televisión ni de un cartel pegado en la pared: humaniza un poco la impersonalidad de los discursos solemnes, haciendo uso del lenguaje directo. Por ejemplo, un profesor dice: “Ya recordarán ustedes lo que dice Hegel en su obra”, aunque sabe que muchos de sus alumnos jamás han oído hablar de Hegel.

Tan común como el trato de “tú”, “ustedes” o “vosotros” es el lenguaje en primera persona plural, “nosotros”. En este caso, el autor se identifica con el lector o el oyente: “Pongamos, por ejemplo...” “Ahora vamos a estudiar...”. Así hablan casi siempre los predicadores y maestros en sus discursos. También emplean este estilo las maestras de educación inicial y los profesores de enseñanza elemental para suavizar sus reprimendas: “Bueno, Pepito; bueno, Paquito; no vamos a pelearnos ahora. ¿Verdad que lo que tenemos que hacer es volver a ser amigos?”.

Debemos indicar que los usos afectivos del lenguaje tienen un efecto en el lector u oyente independientemente de lo que se dice. Ocurre que, al oír o leer sermones elocuentes, discursos, alocuciones políticas o cualquier buena obra literaria, suprimimos toda crítica y nos dejamos arrastrar por los sentimientos melancólicos, alegres o iracundos que expresa el autor. Como las serpientes bajo el hechizo de la flauta encantada, nos dejamos mecer por las frases musicales del hipnotizador verbal. Si este es hombre de confianza, no hay motivo para no gozar de estas delicias de cuando en cuando; sin embargo, escuchar o leer habitualmente este tipo de mensajes es un hábito que debilita.

Pregunta

¿Cuál es la intención central del texto?

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Texto 4

En el siglo XV, dos soberanos incas, Pachacuti Yupanqui y Tupac Yupanqui, crearon un inmenso imperio en Sudamérica, que se extendía desde el sur de la actual Colombia hasta el centro de Chile y ocupaba gran parte de los territorios andinos de Perú, Bolivia y el norte de Argentina. El imperio de las Cuatro regiones del Sol, o Tahuantinsuyo, se dilataba a lo largo de más de 4000 kilómetros de norte a sur y estaba articulado por una impresionante red viaria, de 40 000 kilómetros de extensión total. El centro neurálgico de aquel poderoso estado se situaba en el corazón de la sierra peruana: en una amplia zona a más de 3000 metros de altitud en la que se alzaba la ciudad de Cuzco, capital del Imperio y corte de los incas. Esta área estaba atravesada por el denominado Valle Sagrado, un territorio que se extiende a lo largo del río Vilcanota-Urubamba, de extraordinaria riqueza agrícola y jalonado por una serie de espléndidas fortalezas incaicas.

El nombre de Valle Sagrado se aplica al tramo del valle del río Urubamba que comprende los poblados de Pisac, Calca, Yucay, Urubamba y Ollantaytambo. Aquí, el río discurre entre canchones de cultivo y laderas con empinadas andenerías (las terrazas de cultivo de la zona). Los promontorios rocosos más abruptos están coronados con imponentes ruinas de ciudadelas fortificadas. Hacia lo alto, se yerguen los montes Pitusiray, Sahuasiray, Verónica y Chicón, con sus cimas de nieves perpetuas.

Al igual que Machu Picchu, los más importantes complejos ceremoniales en el corazón del Valle Sagrado fueron construidos a mediados del siglo XV, durante el reinado del primer gobernante histórico inca, Pachacuti Yupanqui (1438-1471). Las ruinas de Pisac y Ollantaytambo brindan testimonio de la habilidad de los incas para combinar las formas del paisaje natural con la arquitectura ceremonial en piedra y los conjuntos de terrazas de cultivos adyacentes. Dichas ciudadelas constituían lugares aptos para la iniciación de los expertos en rituales, en virtud de la proximidad y las vistas de los picos montañosos que las rodean. Estas “ciudadelas-fortalezas”, que combinan rasgos ceremoniales y defensivos, suelen aparecer emplazadas en las estribaciones orientales de los Andes. Su función consistía en vigilar las fronteras y prevenir ataques sorpresivos por parte de los antis y de los pueblos nómadas que habitaban las forestas. Asimismo, por su monumentalidad arquitectónica y sus cualidades escenográficas, cabe pensar que estos complejos fueron diseñados para causar admiración reverencial en las etnias andinas vecinas, en particular los chancas, tradicionales rivales de los quechuas de Cuzco.

CERUTI, Constanza. “El Valle Sagrado de los incas”. En National Geographic, Historia, n.º 141. Consulta: 28 de enero de 2016. http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/10676/valle_sagrado_los_incas.html

Pregunta

¿Cuál es la intención del autor al redactar y publicar su texto?

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